Aprendí a amar contigo, aunque ahora ya no me creas nada.
te colmé con todos los besos que habitaban mis sedientos labios,
tracé por tu piel todas las caricias que anhelaban mis inexpertas manos.
Fui capaz de memorizar las hebras de tu ausencia
de tantas veces trenzadas y destrenzadas
durante mis desesperanzadas esperas.
E inevitablemente primero agonizamos, después morimos.
No hubo forma de mantener los fantasmas en el olvido;
habían anudado mil negras vainas a mis cabellos,
y las ventosas fuertemente se habían adherido a mis pechos.
Aún hoy veo mis manos manchadas,
desde que desvaídas notas de un viejo radio cassette
en mi memoria se colaran.
No más esperanza.
en mi memoria se colaran.
No más esperanza.


No hay comentarios:
Publicar un comentario