Entiendo que te quisieras largar. Ya no había aquí nada para ti. De hecho, ya no hay nada para nadie. Este agujero de reproches y disgustos te hizo envejecer pronto, te volvió cínico, te volvió agrio. No te culpo por abandonarlo, por no llevarme, ya que en tu nueva vida no hay nada demasiado sucio como para que yo lo pueda tocar. Entiendo que no quieras mirar atrás, y que cada nueva despedida (porque nunca hay una definitiva, y eso es lo más duro) sea un abrazo incómodo, un adiós seco, una mirada de culpabilidad.
Lo entiendo. Pero joder, cómo dueles.

No hay comentarios:
Publicar un comentario