domingo, 17 de enero de 2016


Necesito ensuciar un folio de la suciedad de este domingo, que es ya demasiado largo, que no se quiere ir. En su espesura hay cuerpos a trozos, fatigados de saltarme y estallarme, pero que no desisten; quieren hacerme explotar un poco más, fraccionarme, tal como ellos. Algún día no podré ver esta mano que escribe, porque la habrán separado de mí, y entonces todo dejará de ser raro, el domingo será total y su espesura no dejará echar la vista atrás.

¿Por qué veo sus pedazos, pero no la sangre? Verla fluir me tranquilizaría, pero nunca hay cuando se la pido, y quizá por eso ya no la pido nunca. Quizá por eso les dejo el detonador, con la esperanza de no necesitar su discurrir nunca más, como esos cuerpos a trozos, que ya no ven raro no encontrar la propia mano.

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