Vuela pequeña,
que no te aplasten las penas.
Vuela aunque te duela.
Que no te asuste la vasta soledad;
que no te intimiden las tan afiladas
sombras de la responsabilidad.
Vuela, pequeña, vuela.
Cuando creas que no puedes más,
y cuando sientas que te vas a desbordar,
derrámate en mí, pequeña.
Déjate consolar.
Déjate consolar.
Ya me enredaré yo entre largas hebras,
y haré que albares plumas cuelguen de ellas;
seré para ti, pequeña,
tu impulso hacia el polvo estelar.
Vuela pequeña,
que no te aplasten las penas.
Vuela aunque te duela.


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