miércoles, 26 de noviembre de 2014

Incontinencia verbal



Realmente, nunca llegamos a comprendernos del todo. La comunicación tiene mil fallos: está lo que queremos decir, lo que decimos en realidad, lo que la gente entiende, lo que quieren entender, lo que entiende cada persona según la percepción de su interlocutor, lo que se puede entender dependiendo del ánimo y la visión pasajeros... y así podría buscar una buena cantidad de ejemplos más.


Parece que no pensamos mucho en esto; lanzamos las palabras al aire con la esperanza (o la férrea convicción, los más ilusos) de que nos están captando. Y a pesar de todo, el mundo sigue girando. A nadie le importa. Hablamos, hablamos y hablamos sin entendernos, usamos las palabras como bien nos parece.


Me gustaría de veras que todos cerráramos la bocaza de vez en cuando. Que nos tomáramos más tiempo en observar los pequeños detalles. Que apreciáramos más las miradas. Que reflexionáramos y pensáramos. Y que si no encontráramos las palabras, simplemente dejáramos paso al silencio, escaso y hermoso, sin sentirnos ansiosos por llenarlo.


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