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sábado, 14 de noviembre de 2015

En este cuento



Caperucita por el lobo sodomizada
a veces ningún cazador te halla,
Cenicienta por su carroza engullida
cuando a las doce se transforma en calabaza,
Blancanieves bajo tierra sepultada
del príncipe no se supo nada,
Bella por Bestia destripada
la rosa se marchita
no hay amor que le valga,
Alicia degollada
y la sonrisa del gato de Chesire
de cuerpo presente
en el aire dibujada

Al menos voy a intentarlo
dejad de recordarme mi mortalidad
seguiré buscando la adrenalina
hasta que me dé la vida

viernes, 19 de diciembre de 2014

Sácame de aquí



Dame iglús aconfesionales; dame aire y dame hélices.

Sé que es complicado porque mis labios son pólvora y tus palabras lumbre, sé que exploto y duelo, sé que la destrucción no cesa hasta que el detonante se consume.

Y tras el ritual descorazonamiento artesanal de cada madrugada llega el incesante goteo de amaneceres, cuya sucesión concreta este infinito e insulso ciclo.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Niebla



Bruma que lo engulle todo; luz, formas, colores, tiempo. Detén la sucesión de momentos, merma el furor de la vida. Da un respiro al tránsito de entes con tu envolvente sombra y cubre con intriga los consabidos caminos.
Ven a mí al despuntar el día, calígine misteriosa.



miércoles, 26 de noviembre de 2014

Incontinencia verbal



Realmente, nunca llegamos a comprendernos del todo. La comunicación tiene mil fallos: está lo que queremos decir, lo que decimos en realidad, lo que la gente entiende, lo que quieren entender, lo que entiende cada persona según la percepción de su interlocutor, lo que se puede entender dependiendo del ánimo y la visión pasajeros... y así podría buscar una buena cantidad de ejemplos más.


Parece que no pensamos mucho en esto; lanzamos las palabras al aire con la esperanza (o la férrea convicción, los más ilusos) de que nos están captando. Y a pesar de todo, el mundo sigue girando. A nadie le importa. Hablamos, hablamos y hablamos sin entendernos, usamos las palabras como bien nos parece.


Me gustaría de veras que todos cerráramos la bocaza de vez en cuando. Que nos tomáramos más tiempo en observar los pequeños detalles. Que apreciáramos más las miradas. Que reflexionáramos y pensáramos. Y que si no encontráramos las palabras, simplemente dejáramos paso al silencio, escaso y hermoso, sin sentirnos ansiosos por llenarlo.


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