Dame iglús aconfesionales; dame aire y dame hélices.
Sé que es complicado porque mis labios son pólvora y tus palabras lumbre, sé que exploto y duelo, sé que la destrucción no cesa hasta que el detonante se consume.
Y tras el ritual descorazonamiento artesanal de cada madrugada llega el incesante goteo de amaneceres, cuya sucesión concreta este infinito e insulso ciclo.