Ayer me persiguieron flashes a cada paso.
Esperaban a que me surtiera efecto para poder captar ese pequeño instante de pecado por el que podrían justificar mi público linchamiento; el clavarme en un palo junto al fuego para bailar y bailar señalándome con el dedo.
Yo reía para ocultar las ganas, el miedo, el mareo. Tuve el momento en mis propias manos, y como alfarero maestro lo moldeé a mis anchas
Tengo que empezar a olvidar; aprender a dejar de ponerme minas a cada paso, sin caer donde el olvido una vez más. El equilibrio no es lo mío.

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