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martes, 17 de febrero de 2015

J'existe



A veces dejo de sentir la caricia del viento;
a menudo me daría igual ser que no ser,
y de vez en cuando quiero querer ser, pero ya no puedo.

A rachas, descuidada de mí, pierdo las razones;
en ocasiones las encuentro,
pero siempre manchadas de anteayeres.

Y a veces, consciente de golpe de que soy y existo,
como forzosa oscilación de oxígeno
permito por inercia mi hálito plomizo.

martes, 20 de enero de 2015

Esta entrada es tan real como quieras que lo sea



Y si quieres decir que mesa
no es más que silla,
o si para ti silla
tan sólo es mesa;
quiero decir,
¡qué más daría!

Y si el río que nos surca
es asépticamente eléctrico
y a la vez inmundamente ecléctico,
¿es
(si es que algo es realmente en todo el sentido de la palabra)
intrínseca o postiza
la suciedad de su linfa?

Y si la mesa, la silla,
simplemente no son,
si nada fuera,
entonces, tampoco importaría.

sábado, 3 de enero de 2015

Aerofobia


¿No te ha pillado la vida por sorpresa? Ya sabes, en algún momento de ensimismamiento cuando de repente y como si de una epifanía se tratara, eres consciente de todo tu ser de golpe.

Es extraño cómo de un día para otro te das cuenta de lo que has dejado atrás, de lo que tienes ahora o de lo que llevas esperando toda tu existencia y ahora se te echa encima. Da miedo, ¿eh?; recapacitas sobre el escurridizo tiempo y por primera vez comprendes lo que conlleva tu mortalidad en su totalidad. Hasta hace nada la vida se atisbaba apenas en la lejanía, un espejismo que no terminaba de adquirir una forma consistente. Todo era y no era a la vez en un mundo 
plano por el que era fácil caminar
puesto que creíamos conocerlo bien.

Pero aquí estamos. Ya no podemos ser astronautas o músicos. Encaramos las limitaciones propias, o lo que es lo mismo, la realidad nos abre los ojos con una somanta de hostias dejándonos finos filipinos, y como podemos nos reponemos de la sobredosis de mediocridad. Aún mareados por el golpe combatimos el desengaño con carreras que nos harán invencibles y únicos, hasta que esa nueva mentira se destapa dejando ver que los titulillos no son más que fruslerías; el más tonto parece ser el que más se mata, y trepar es la clave del éxito. El concepto de lo justo se distorsiona ante esta nueva percepción, y los que mantienen el orden pasan de protectores a carceleros. Las figuras de referencia
se marchitan como muñecos de papel
bajo un jarro de agua.

Y ante este panorama de constante cambio
así como de principios tan endebles,
una ya no sabe qué pensar, ni si quiera si debe pensar algo
o es mejor dejarse llevar por el vendaval de sinsentido.

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