los dichosos flashes acechantes.
Así también nuestra decencia,
tu inocencia,
mi entereza,
pues las ganas de roerte imperan
en esta mi conciencia.
¿No me oyes la mirada?
¡Clama por tu almizcle!
Maratón en París,
allí tamaño desliz
habría sido redimible.
¿Por qué te abstuviste?

"¿Por qué abstenernos de seguir besándonos...?"
ResponderEliminarSaludos
J.