lunes, 4 de mayo de 2015

Difícil de conjugar



Condenan a muerte
tus silencios,
y sonrisas,
y miradas,
que se cuelgan de tu cara como si tal cosa, porque tú, 
asesino de desesperanzas,
no sabes lo letal de tus armas.

Eficiente y mortal, me arrancas
de no esperar nada; me arrancas
la quietud con presteza, y echo en falta
las entradas
y salidas
y bocas,
y las lágrimas pasadas,
porque hoy me resultan más sencillas que tú.

Ahora sé lo que hacer con el pretérito,
pero me está sobrando un presente.

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